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La teoría de la evolución y su impacto en el pensamiento occidental moderno
Doctora Patricia Liliana Cerda Pérez Coordinadora del Centro de Investigaciones FCC / UANL Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla Entre Darwin, Wallace y las leyes de Mendel, la Teoría Evolucionista y sus diversos paradigmas son la base científica en la cual se han forjado generaciones ente-ras por más de un siglo. En medio de crecientes esquemas teóricos que polemizan sobre la comprensión de los fenómenos evolutivos, la sociedad de hoy vive bajo oscilantes esquemas, que van de las creencias de la fe, al análisis racional propuesto en El Origen de las Especies. Desde 1859, al publicar Darwin El Origen de las Especies, sacudió a toda la comunidad científica y marcó un hito, no sólo porque explicaba con su teoría los procesos que originan la diversidad del mundo vivo, sino porque al revolucionar hasta la biología, impactó todo el pensa-miento occidental moderno. Quienes asistieron a las aulas de colegios confesionales de primaria y secundaria en el México de los 70 podrán entender tal revolución. En esa época, en la clase llamada eufemísticamente de “moral”, -que no era otra cosa que lecciones de religión-, pudieron y pudimos ver las discusiones entre niñas-adolescentes y el sacerdote-profesor que insistía en presentar a Adán y Eva como fuente primaria de nuestro ser, y, de paso, descalificaba a Darwin, a Juárez y hasta a los masones, como enemigos acérrimos del Papa, de la Iglesia y de Dios mismo. DOGMATISMO Y EVOLUCIÓN Hasta el siglo XIX, en que iniciara el despegue de la geo-logía, las religiones occidentales condenaban de manera unánime y dogmática toda explicación que propusiera que la vida es el resultado de un proceso evolutivo donde pue-den intervenir la ascendencia, el nacimiento de nuevos caracteres y mecanismos específicos, mediante los cuales algunas características persisten, mientras que otras des-aparecen. Hoy, el origen de la vida es analizado desde múltiples ámbitos: desde los comportamientos moleculares del ADN; las entidades persistentes llamadas genes; las mutaciones y recombinaciones de los genes; la selección natural; la deriva genética y la micro y macro evolución de las poblaciones durante el transcurso de varias generaciones. A ello debemos añadir las nuevas corrientes de la biología evolutiva -resultado de la Teoría de la Síntesis Evolutiva Moderna-, y los estudios que permanentemente efectúan científicos de todo el mundo sobre las evidencias de la evolución desde el ámbito paleontológico, anatómico, embriológico, bioquímico y biogeográfico. CONTEMPORIZA LA IGLESIA CON LA TEORÍA EVOLUCIONISTA El impacto de esta teoría se dio no sólo en el sistema social del hombre del siglo XIX y del XX, sino incluso dentro de la propia Iglesia Católica: Pío XII estableció, en 1950, que la Iglesia no prohíbe el estudio de la doctrina evolucionista en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva , siempre y cuando se asuma desde la fe católica que las almas son creadas única y exclusivamente por Dios. Juan Pablo II expuso en 1996 que el Magisterio de la Iglesia está interesado en la Teoría de la Evolución, porque influye en la concepción del hombre; Benedicto XVI su-braya la importancia de las pruebas científicas en favor de la evolución, las cuales enriquecen el conocimiento de la vida y del ser; empero, distingue: “la doctrina de la evolución no responde al gran interrogante filosófico como es saber de dónde viene esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre”. Tal interrogante, hasta hoy, es el gran problema por resolver de toda la ciencia en su conjunto, y es, por así decirlo, la gran duda filosófica del hombre y de la mujer del Medioevo; de los ilustrados del Siglo XVIII; de los industriales y científicos del XIX y XX, y del posmoderno siglo XXI. |

