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Edición 107


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Charles Darwin y su obra maestra, 150 años después


Ingeniera Claudia Ordaz
Catedrática del Departamento
de Comunicación / ITESM
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Alguna vez, el poeta José Martí escribió que Darwin, junto con su obra, era una fiesta y asombro para el pensamiento humano. Y eso es precisamente lo que está por acontecer alrededor del orbe; un sinfín de festejos para conmemorar los 150 años del descubrimiento de la selección natural como fuerza que conduce a la evolución de la vida en el mundo, y que culminan en noviembre de este año, para celebrar los 150 años de la publicación de su obra maestra El Origen de las Especies.

Aun después de su muerte, Charles Darwin sigue envuelto en un halo de admiración y controversia. Está en debate si es a él a quien se debe atribuir la teoría de la evolución, ya que dicha teoría fue sugerida años antes por su abuelo, Erasmus Darwin, y por el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck. Lo mismo ocurre con la teoría de la selección natural, sobre la que ya especulaban, cuando Darwin era apenas un niño, el médico William Yells y un escritor llamado Patrick Mathew.

Y ni hablar del manuscrito que le compartió Alfred Russel Wallace, sobre lo que Darwin publicaría junto con aportaciones suyas y que daría lugar a la obra arriba mencionada.

¿En qué radica la grandeza de Darwin? ¿Por qué es él quien recibe todos estas celebraciones y homenajes en lugar de sus antecesores? ¿Por qué es él quien tiene su lugar tan especial en los anales de la ciencia?

Más allá de que hubiera comprobado su teoría -contrariamente a sus colegas- con datos minuciosos sobre las similitudes y diferencias de la flora y fauna que observó en un viaje de cinco  años a bordo del “Beagle”, fue el primero en inferir el génesis de las especies, resumida en la transición de seres vivos unicelulares a formas de vida complejas.

GENIALIDAD DE DARWIN
Pero su grandeza reside, sin lugar a dudas, en su genialidad sin límites, una genialidad como ha habido pocas; un modo de pensamiento que no sólo impactó al mundo científico, sino que sacudió muchas disciplinas de la humanidad. Ya Ernst Haeckel –influido por el pensamiento darwinista- declaraba que “la evolución no quedaba res-tringida a la biología, sino que la evolución va del átomo al hombre”.

Es así como, en efecto dominó, diversos pensadores del mundo se contagiaron de la corriente darwiniana. Spencer introdujo la expresión de la supervivencia del más fuerte, para apoyar la tesis de la economía liberal inglesa, y escribió que los individuos con esfuerzos conscientes y exitosos son capaces de adaptarse a las cambiantes necesidades del medio social, y serían éstos quienes sobrevivirían y dominarían.

También impregnado de evolucionismo, el mismo psicoanálisis de Freud identifica momentos evolutivos o etapas, tanto en la trayectoria de crecimiento del indivi-duo, como en la formación cultural de la humanidad.

CREACIONISMO Y EVOLUCIONISMO
En la religión, el pensamiento darwinista se clavó como una daga, creando un hondo conflicto entre el creacionismo dogmático y el evolucionismo. Nietzsche le imprimiría su sello muy personal a la filosofía existencialista, al declarar la presencia del “súper hombre”.

Ni qué decir del transcurso de la historia del mundo, si Hitler no se hubiera apropiado de las ideas darwinistas para proclamar a la sangre aria como la raza excelente y apta para sobrevivir a cualquier guerra, así fuera la más sanguinaria de todas. Karl Marx encontró una versión social de las teorías biológicas de Darwin, considerando que la evolución social respondía a las leyes de transformación que el marxismo buscaba para alcanzar una sociedad mejor. Es por eso que Darwin es celebrado con tanto bombo y platillo; porque su pensamiento resulta más vigente que nunca. Nosotros, sin siquiera decidirlo, somos de naturaleza darwinista, puesto que luchamos por adaptarnos y sobrevivir en un mundo que se antoja cada vez más competitivo y demandante. Ahora, como nunca, el pensamiento darwiniano cobra fuerza y resulta más franco y honesto. Nos guste o no, quien mantiene un trabajo, un matrimonio o una relación social es aquél que se adapta mejor y sobrevive al cambio. Somos seres de naturaleza cambiante, y estamos en constante evolución. Ninguno de los pequeños o grandes aciertos y descalabros de la humanidad hubieran sucedido sin su pensamiento, que ha sido, de manera inevitable, un parteaguas en la historia del mundo.

 
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