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VIDA: DONACIÓN DE AMOR Cardenal Javier Lozano Barragán Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla Para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin, se le otorgan como homenaje estos estudios, reconociendo la importancia que ha tenido en el ramo de las ciencias biológicas. Pienso que el debate surgido a través de los años entre Creacionismo y Evolucionismo no tiene ya lugar, puesto que no se excluyen, entendiéndolos en una recta perspectiva. Su estudio más divulgado fue El origen de las especies. Quiero colaborar modestamente a esta conmemoración, ensayando ya no sólo algo sobre el origen de las especies, sino poniéndome otro interrogativo: el origen de la misma vida. Para responder teológicamente a este interrogativo, intentaré recorrer tres etapas ascendentes: la etapa científica, la etapa filosófica y la etapa teológica. El método que usaré parte del sentido de la fe del pueblo de Dios sobre la vida, que es de todos conocido, y desde este sentido trataré de enunciar solamente algunos postulados elementales de la ciencia de la vida, para luego reflexionar sobre ellos a la luz de algunos puntos filosóficos. Desde estas dos reflexiones previas como bases, intentaré reflexionar sobre la vida desde la analogía con el misterio de la Santísima Trinidad y de la Encarnación redentora. Especialmente, al tratar de la base científica, soy consciente de no aportar nada nuevo, si no es el enfoque bajo el cual sintetizo toda esta base, que nos abre la puerta para, desde la misma, intentar ahora elaborar la base filosófica, misma que permitirá fincar una analogía de aproximación teológica para comprender; o, más bien dicho, para balbucear algo sobre el misterio de la vida humana. I. BASE CIENTÍFICA Séame permitido enunciar algunos rudimentos científicos sobre el origen de la vida humana. Lo hago sólo en cuanto me sirven como datos elementales desde los cuales deseo hacer partir mi reflexión sobre la vida como donación de amor. INICIO DE LA VIDA HUMANA La vida humana se inicia en una célula que está formada por membrana celular, citoplasma, membrana nuclear y núcleo. En el citoplasma hay una serie de estructuras con diversas funciones, como los ribosomas, donde se sintetizan las proteínas, consideradas el producto primario de la actividad genética. La membrana nuclear separa al citoplasma del núcleo, dentro del cual se encuentran los cromosomas, en los que están colocados el ADN y los genes, que a su vez se encuentran ubicados en el ADN. Desde los cromosomas brota la vida humana mediante la energía del ADN con sus genes. ¿Cómo sucede?: ELEMENTOS INICIALES DE LA VIDA HUMANA 1. ACTORES Tenemos cinco actores, a saber: los cromosomas –23 pares, 46 en total-; el ADN –ácido desoxidoribonucleico, donde se ubican los cromosomas, que los envuelve a manera de hélice con una vuelta y tres cuartos-; el ARN –ácido ribonucleico, tanto mensajero como traductor del ADN: ADNm y ADNt-; genes –mínima porción del ADN que determinan la vida; para ello, deben ordenarse de tres en tres, conjuntos que se denominan “tripletas”-; proteínas –que, si tienen una función de metabolismo, se llaman “enzimas”. Son 20 aminoácidos que son ordenados por el ADN-. La función de los genes se explicita más adelante. De los 23 pares de cromosomas humanos, 22 se llaman autosomas y un par, el número 23, se llama gonosoma o cromosoma X. Cuando el par tiene dos cromosomas X, porta el sexo femenino; cuando contiene un cromosoma X y otro Y, origina el sexo masculino. Los genes residen en el ADN, que a su vez se ubica en estos cromosomas, como ya se ha dicho. El movimiento básico del ADN se realiza desde el núcleo de la célula hasta su citoplasma. Para ello atraviesa la membrana del núcleo y se encuentra en el citoplasma con las proteínas que va a ordenar. El ADN se replica en el núcleo, se transcribe en el mismo núcleo y se traduce fuera del núcleo, en el citoplasma en el Ribosoma, y, traducido, llega a las proteínas, ubicadas como se ha dicho en el mismo citoplasma. Manda su información desde el núcleo; esta información se transcribe y se traduce para llegar así a las proteínas. La recepción de la información, su transcripción y traducción se hace en el ácido ribonucleico, ARN, que se llama “mensajero” ARNm, hasta salir del núcleo de la célula; y se llama “traductor”, ARNt, cuando hace la traducción del ADN en el citoplasma, en el Ribosoma, para que así se puedan ordenar los aminoácidos de las proteínas. Los 20 aminoácidos de la proteína que ordena el ADN son: arginina, cisteína, asparagina, ácido glutónico, fenilalamina, glicide, histidina, isoleucina, lijaide, licina, mediodine, prolina, glutomina, serina, treandine, valine, triptófano, tirocina, argidina y apartica. 2. ESTRUCTURA DEL ADN La estructura del ADN consta de cuatro elementos que se combinan, pero que en su expresión más simple son: una base nitrogenada, dos ácidos y una proteína. La base nitrogenada puede ser “púrica” o “primídica”: La base púrica consta de adenina y guanina; la base primídica, de citosina y tiamina. Las bases púricas y primídicas se unen por ligamentos de hidrógeno. Los ácidos son el ácido fosfórico y la desoxidoribosa (azúcar). La proteína es la histona. El conjunto de estos cuatro elementos forma un nucleótido. El conjunto de nucleótidos se encadenan y sus cadenas forman el ADN. 3. ESTRUCTURA DEL ARN El ARN se distingue del ADN en que el primero tiene una sola banda en lugar de las dos que tiene la “hélice” del ADN. En esta banda tiene las mismas bases nitrogenadas del ADN, excepto la tiamina, que suple por otra base denominada “uracilo”. Queda así constituido por adenina, citosina, guanina y uracilo. El ARN mensajero (ARNm) “fotografía” al ADN en el núcleo, y así transcribe y transmite la información del ADN al citoplasma para ordenar los aminoácidos de las proteínas. La información “fotografiada” por el ARNm se lee en las secuencias de tres genes de las que hablábamos y que decíamos que se denominaban “tripletas”; estas tripletas se llaman a su vez “codones” y sirven como molde para que en ellas se ubiquen las proteínas y así se haga su síntesis; junto con los codones se encuentra otra sustancia del ARN, que se denomina “anticodón”; los anticodones son los que se encargan de dar la secuencia correcta a los aminoácidos de las proteínas que se han amoldado en los codones. Aquí el ARN se convierte en “traductor”, ARNt, y realiza una transferencia de familias de moléculas, cada una para un aminoácido distinto de la proteína. Ahora se realiza la codificación de la secuencia de las mismas proteínas, que lleva a cabo otro elemento que aquí se origina desde el ARN. Este elemento se llama “exón”. Junto con éste viene otro más, el “intrón”. Del intrón se sabe poco. Algunos dicen que ayuda al exón en la codificación. Sin embargo, cuando el ARN llega al Ribosoma, que como decíamos se ubica en el citoplasma de la célula, elimina a los intrones y deja sólo operar a los exones. 4. LOS GENES Los genes son la unidad de la herencia colocada en línea en el núcleo celular como una partecita del ADN (entre el dos y el tres por ciento del ácido). Cada gene tiene muchos nucleótidos. Un nucleótido está formado por azúcar de cinco carbones, ácido fosfórico y una base nitrogenada. La base nitrogenada a su vez está formada por cuatro componentes, a saber: adenina, citosina, guanina y tiamina. Es muy importante notar que la secuencia y proporción de estos elementos determina las propiedades del gene. Los genes actúan a través de las moléculas del ácido ribonucleico para el metabolismo del organismo, o bien para la producción de las proteínas. Las proteínas a su vez están formadas por cadenas de veinte aminoácidos. La secuencia de los aminoácidos en una proteína específica determina si esta proteína formará parte de la estructura de un organismo o bien de su metabolismo. Hay otros componentes de los genes en los animales y en las plantas, que se encuentran en proporción de diez a una en relación con la base nitrogenada; pero todavía no se conocen muy bien. La secuencia interna en el nucleótido es la secuencia de las bases nitrogenadas purídicas y primídicas que a su vez están formadas en grupos de tres, que reciben el nombre de tripletes o cod genes. Es muy importante notar que la secuencia interna y externa de estas bases y su proporción es la que marca la diferencia entre todos los seres vivientes. Un ejemplo de secuencia de tripletes podría ser: ATT---CGC---CGA---AAC---ACG---AAA. 5. CÓDIGO GENÉTICO El Código genético es la información genética cifrada de la secuencia de los nucleótidos. La información del Código genético del ADN se transcribe en una información complementaria en los tripletes del RNA mensajero, que reciben el nombre de codones, y finalmente ésta se traduce para ordenar los aminoácidos de la proteína. Realizado todo el proceso, se ha llegado a determinar el lugar donde su ubican los genes en los cromosomas humanos. Estos lugares les dan la denominación latina: “loci”. Se ha llegado así a poder determinar el trabajo que cada gene realiza con cada aminoácido de las proteínas. Así se ha podido trazar el mapa del genoma humano, su código genético. 6. REPRODUCCIÓN Las células así formadas se dividen y se reproducen por la “mitosis” en proporciones geométricas; cada una con sus 46 cromosomas; excepto la reproducción de las células de las gonadas, las que se reproducen por otro proceso llamado “meiosis”, según el cual la cadena de cromosomas que formaba una hélice de 46 se parte en dos por la mitad. Una mitad va al óvulo y otra al espermatozoo. Cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoo, éste se reproduce ya con los 46 cromosomas normales por mitosis; forma así el blastocito, el embrión y el feto. CONCLUSIÓN DEL MUESTREO BIOGENÉTICO De acuerdo a lo anterior, podemos sacar las siguientes conclusiones:
Se perfila así la vida como “Un movimiento orgánico complementario de relaciones y finalidad”. II. BASE FILOSÓFICA 1. ANTIGUA DEFINICIÓN DE LA VIDA Según la definición clásica, la vida es moverse a sí mismo. Esto es, la vida, nos decían los antiguos, es el ser o actuar de la sustancia, que, según su naturaleza o su operación natural, se relaciona con el movimiento o con alguna operación. Se trata de un ser constituido en sus partes esenciales que ahora se lanza a la vida; esto es, a su movimiento interno. Pero, ¿qué es este movimiento? Se nos responde: es aquello que es en capacidad y potencia en cuanto tal. Por tanto, la vida sería la capacidad primordial de ser y de actuar. 2. MOVIMIENTO ORGÁNICO Precisando más este movimiento orgánico o finalísimo, se puede comprender mejor contraponiéndolo a cierta concepción de la vida que se coloca dentro de un parámetro mecanicista, concibiendo el movimiento vital como una colisión cuántica. El movimiento orgánico que constituye la vida no es un choque de cantidades de la “res extensa” cartesiana, sino una expansión finalística que trasciende la cantidad, aunque no prescinda de ella, y que precisamente gracias a esta finalidad, el movimiento vital es un movimiento que se encuentra en el campo de las relaciones y apunta a una finalidad definida que hace que la vida orgánica sea unidad y que la desintegración vital constituya la muerte. 3. ORGANICIDAD Ser actuando, y actuando siendo. Pero en todo movimiento hay dos términos: uno, del que se procede, y otro, al cual se tiende; y aquél al cual se tiende es su finalidad, lo que especifica y define todo el movimiento. ¿Hacia dónde, pues, tiende la vida? Pienso que la respuesta es que la vida tiende hacia la unidad. La organicidad es lo que especifica la vida; hay una unidad que organiza al ser viviente desde dentro y hay una unidad que lo organiza desde fuera; esto es, con relación a otros seres. Pero para que haya organicidad, debe haber distinción de partes, distinción de órganos, tanto interna como externa; si no, no puede haber unidad. La unidad interna, la organicidad del ser vivo lo constituye presente en la vida; generar la propia organicidad es generar la propia vida. Sin embargo, esta organicidad no se agota en lo interno, sino que mira a la organicidad externa, mira hacia la unidad con los demás seres vivos. La unicidad interna da la individualidad; sin embargo, esta unicidad interna no es vital si no está íntimamente transformada por la unicidad externa, la relación con otros seres vivos. La organicidad externa afecta en tal manera la individualidad, que ésta no se puede cerrar en sí misma para ser vida individual, sino que su riqueza la obtiene cuando se abre hacia los demás y se realiza la unidad, la armonía, la convergencia de distintos. Podríamos así decir que la vida es la convergencia de distintos. Así, la organicidad externa se vuelve en cierta manera organicidad interna sin dañar la distinción de los seres vivos. 4. SERES DISTINTOS Ahora bien, alguien se puede decir distinto en cuanto tenga lo que otro no tiene y no tenga lo que otro tiene. Hay un aspecto de la vida que implica negación y que a través de esta negación se produzca la vida. Esta negación implica una afirmación que exige la organicidad, la convergencia misma en la unidad de diversos seres, la vida. Esta convergencia de distintos, que en último término constituye la vida en su totalidad, ha sido pensada o negada de diversas maneras a través de la historia del pensamiento. Una manera de hacerlo ha sido el Panteísmo en todas sus formas; otra, la Participación. Ha habido también un pensamiento que estructura muchas corrientes contemporáneas y ha sido la negación básica de la organicidad externa, al menos al llegar al hombre en la llamada cultura o anticultura de la muerte. 5. NEGACIÓN DE LA DISTINCIÓN: PANTEÍSMO En el Panteísmo realmente no existe organicidad distinta, pues las barreras se suprimen y el uno es el todo y el todo es uno. Por lo tanto, el Panteísmo no explica la vida, pues en él no hay verdaderamente coincidencia de distintos, sino un todo amorfo y, por tanto, sin vida. Verdaderamente en el Panteísmo no existe una auténtica oposición entre privación y posesión, pues todo es todo. I. VIDA COMO OPOSICIÓN En concepciones ajenas del Panteísmo, en cambio, existe la oposición, pero atendamos a la clase de oposición que se piensa: La vida es oposición; la oposición, según la Lógica, puede ser oposición de contrariedad u oposición de contradicción. Si es de contrariedad, nos encontramos en el ámbito de la vida. Si es de contradicción, nos lleva a la muerte. La oposición de contrariedad une los contrarios con una partícula copulativa: esto y esto; la oposición de contradicción excluye a uno de los opuestos para afirmar al otro. Al excluir uno de los opuestos, no se da más organicidad, y así no se puede hablar de la vida. Abundando más en lo anterior, podemos decir que hay oposición entre dos contenidos cuando la posición de uno excluye en cierta manera la del otro. Según sea la índole de esta exclusión, resultan diversas clases de oposición. La oposición de contradicción es irreductible; se da entre el ser y el no ser, no tolera término medio. La oposición de contrariedad u oposición contraria hace que dos contenidos se excluyan en un campo particular del ser, y por tanto acepta que haya un término medio en el campo universal del ser. La oposición contraria puede ser privativa o bien relativa, según se opongan los dos contenidos por privación–posesión, o bien por mera relación. 1. OPOSICIÓN DE CONTRADICCIÓN EN EL CONCEPTO DE LA VIDA Hay una mentalidad que en la modernidad se basa fuertemente en la oposición de contradicción. Y es la mentalidad evolucionística aplicada al hombre directa y plenamente. En efecto, en la mentalidad evolucionística, la supervivencia de las especies se da por la lucha a muerte, que es una oposición de contradicción, y así por la supervivencia del más fuerte. Se trata de una concepción mecanicista que concibe la vida como simple movimiento contradictorio, de colisión cuántica. Posiblemente muchos pasos de la evolución de los seres inferiores al hombre se puedan explicar en algunos sectores por esta lucha por la vida, la famosa “struggle for life”. Pero no puede ser aplicada en su totalidad, pues si bien es cierto que existe una graduación en la existencia actual de las especies en el mundo vivo infrahumano, persiste hoy la gradualidad de las mismas; no han desaparecido las inferiores. Y en su conjunto forman la esfera infrahumana orgánica. Sin embargo, el problema aparece fuertemente cuando esta explicación de la vida por la oposición contradictoria se aplica a la misma vida en su esfera humana. Entonces se llega a la opinión de la prevalencia y supervivencia del más fuerte como norma, y de allí se generan todas las opiniones maltusianas y de súper razas, en las cuales alguien se afirma tratando de matar a los demás, de una manera salvaje en estadios primitivos, y de una manera sofisticada en la actualidad. Ésta es la cultura de la contradicción o, lo que es lo mismo, la cultura de la muerte o la anticultura propiamente tal. En esta posición no hay propiamente organicidad; la vida como organicidad desaparece; no hay término de oposición al cual oponerse, pues se ha destruido. Y el problema es que como el término de oposición es absolutamente indispensable para la vida, al no existir más éste, la vida se marchita y cabalmente se llega a la cultura de la muerte. No hay el término contra el cual afirmarse, y como éste pertenece también internamente a la propia organicidad, la misma vida individual perece. Nuevamente, incluso desde la misma Lógica, nos enfrentamos a la cultura de la muerte. 2. OPOSICIÓN DE CONTRARIEDAD EN EL CONCEPTO DE LA VIDA La auténtica oposición, que es la que puede garantizar la vida, es la oposición de contrariedad, que, como decíamos anteriormente, se expresa mediante una partícula copulativa, “esto y esto”. En otras palabras, la vida es complementariedad orgánica, alguien vive en cuanto se opone a otro ser vivo porque no tiene lo que este otro ser vivo posee, pero quiere participar de su riqueza. Y a la vez, el otro ser vivo vive en cuanto que, permaneciendo distinto, participa de la riqueza del primero. El ideal es que esta participación sea sin mengua ajena; esto es, sin restar para nada lo que cada uno de los seres vivos posean de por sí. Aquí nos encontraremos con la oposición por mera re-lación. La conclusión filosófica es que la vida es el movimiento de oposición contraria y no contradictoria entre necesidad y satisfactor. IV. REFLEXIÓN TEOLÓGICA Si ahora nos preguntamos: ¿qué hay más allá de la Filosofía para entender la vida?, la respuesta la encontramos en el capítulo 11 del Evangelio de San Juan, en la narración de la resurrección de Lázaro: Cristo le dice al muerto: “Lázaro: “Lázaro, ¡ven fuera!” Y el paso de la muerte a la vida se da visiblemente por el movimiento: Lázaro, inmóvil y cubier-to de vendas, empieza a moverse, camina; camina fuera. Una vez más aparece el movimiento que observamos en la Biogenética y en la Filosofía para entender la vida: Lázaro sale de la muerte a la vida. Se trata, es verdad, de un mo-vimiento, pero de un movimiento muy especial en el cual el “terminus a quo” es la muerte. ¿Qué hay de vital dentro de este movimiento? Se trata de un movimiento de oposición plena entre la muerte y la vida, un movimiento que hemos definido “de contradicción”. Pero, ¿será la contradicción la fuente de la vida, cuando filosóficamente la hemos definido más bien como muerte? De hecho, la oposición ideal para que haya vida sería la oposición de contrariedad donde la privación no existiese. ¿Es posible esta oposición ideal que generase una mera relación de oposición sin privación alguna? La respuesta podrá venir si se asume la oposición de contradicción y se convierte en oposición de mera contrariedad. La reflexión siguiente desea esbozar algunas pistas para lograr esta asunción. Partiremos de la oposición ideal meramente relacional en la Santísima Trinidad, que es la fuente primigenia de la vida, para luego converger en la asunción de la oposición de contradicción causada por la historia del hombre en la Encarnación pascual, que se convierte por la acción del Espíritu en mera oposición de contrariedad en plena mutua donación. 1. LA VIDA EN LA SANTÍSIMA TRINIDAD Exactamente el ideal de oposición por mera relación es el que se realiza en la fuente de la vida de todo lo creado, que es la Santísima Trinidad. La Santísima Trinidad, según nos lo ha revelado el mismo Dios, se constituye por una oposición relativa y una coincidencia absoluta. Esto es lo que quiere decir que Dios sea uno en tres personas distintas. En Dios, la oposición entre las divinas personas es la oposición de relación, sin que la privación signifique mengua y sin que la posesión signifique cualquier resta a la otra persona. La oposición entre las divinas personas es una oposición de contrariedad relativa. Esto es, lo que una persona tiene se relaciona con lo que la otra persona posee, de tal manera que la privación permanece en una posesión infinita. Y esta aparente contradicción se aclara viendo las tres personas en concreto: El Padre no tiene la filiación; sin embargo, es Padre por la filiación. El Hijo no tiene la paternidad; sin embargo, es Hijo por la Paternidad. El Espíritu no tiene la inspiración activa; sin embargo, es Espíritu por la Inspiración activa del Padre y del Hijo. La vida infinita de las tres divinas personas se realiza por una donación absoluta y total de dicha vida, del Padre al Hijo, del Hijo al Padre, del Padre y del Hijo al Espíritu y del Espíritu al Padre y al Hijo; por eso son un solo Dios. La distinción de las tres divinas personas es sólo por oposición de contrariedad relativa y por su oposición de contrariedad relativa son la vida en sí; esto es, un solo Dios, a la vez que tres personas distintas. Desde este modelo divino podemos intuir que la vida es moverse a sí mismo en un conjunto de relaciones hacia la plena donación. Se dona lo que se tiene y se recibe lo que no se tiene en un proceso incesante que enriquece y que precisamente es el proceso vital. Los puntos fundamentales son las relaciones, que fundan la oposición contraria, no para encerrarse en la propia posesión o en la propia privación, sino para abrirse en total donación. Así, la vida es relación fecunda de donación amorosa. Ésta es la vida en sí, y cuando Dios la participa a su creación; en especial cuando la participa al hombre, la da de este talante. Dios inscribe esta donación dentro de la libertad humana. Y precisamente cuando el hombre no quiere más proceder a esta donación, entonces se cierra en sí mismo, se opone a los demás en contradicción. Esto es el pecado, y, lo que es lo mismo, la muerte. 2. LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN Dentro de estas coordenadas, se escribe la Historia de la Salvación como una historia de la libertad. Y como el hombre eligió la oposición de contradicción, el pecado y la muerte, y a pesar de ello Dios no le retiró el que desde dentro siga siendo su imagen, la historia de la humanidad viene a ser una historia que se realiza dentro de dos términos: contradicción-contrariedad; muerte-vida; odio- amor; egoísmo-donación. 3. LA ENCARNACIÓN PASCUAL En este ámbito, la Encarnación pascual viene a realizar el rompimiento de la contradicción en una construcción amorosa de contrariedad de relación. Esto es, la muerte viene a ser vencida por la resurrección. Cristo asume la contradicción del hombre que significa su pecado y su muerte, y esta contradicción la lleva hasta sufrirla en sí mismo con el sufrimiento de la muerte. Pero esta muerte, por el amor del Espíritu Santo se torna en fuente de vida, en resurrección. La muerte se coloca como la mayor prueba de amor, la mayor prueba de donación. Y así, Cristo, de la nada culpable; esto es, de la contradicción absoluta del hombre, recrea al nuevo hombre en la relación de justicia y santidad. Ésta es la profundidad ilógica de la historia que sólo la Omnipotencia de Dios-Amor pudo hacer lógica, como la expresión humana máxima de la Verdad: esto es Cristo, el Verbo de Dios encarnado. 3. LA CONTRADICCIÓN ASUMIDA EN LA CONTRARIEDAD Siguiendo el hilo conductor de nuestra reflexión, Cristo asume la contradicción y la vuelve contrariedad de relación de máximo amor, y así de máxima vida, contrariedad en la que se opone relativamente al hombre como a un sujeto al que le dona lo que le hace falta en totalidad, la vida. La vida trinitaria de oposición contraria de pura donación pasa ahora a través de la contradicción de la muerte para vencer a esta misma muerte y volverla pura donación en el Espíritu. La convierte en donación de puro amor. Se supera la contradicción de la muerte en la oposición relativa de contrariedad, que es relación de amor. Habíamos dicho cómo la oposición de contradicción genera la cultura de la muerte; en Cristo, esta oposición lo llevó a la máxima muerte, por decirlo así, y la Redención consistió en volver esta máxima muerte en máxima vida; volver la contradicción a través del Espíritu en pura relación de amor, como donación total. Éste es el sentido último de la resurrección. Si, como decíamos, la vida es la capacidad de ser y de actuar, ahora podemos concluir que la vida es la capacidad de ser y de actuar a través de una oposición contradictoria; esto es, la muerte; la oposición contraria como relación de donación amorosa absoluta en la que se recibe la vida participada de la Santísima Trinidad. La vida es así la Resurrección. CONCLUSIÓN En la reflexión que hacíamos sobre algunos elementos de la Biogenética que describen el inicio de la vida humana, hacíamos una primera conclusión: encontrábamos que la vida aparecía como “un movimiento orgánico complementario de relaciones y finalidad”. Cuando avanzábamos desde el aspecto filosófico, confirmábamos lo anterior, y decíamos que la vida es “moverse a sí mismo”, y que esto implica una oposición vital, que para ser tal debe ser no de contradicción sino de contrariedad; esto es, de integración. Teológicamente avanzábamos a la luz de la resurrección de Lázaro y veíamos que la vida no puede ser más que una oposición de contrariedad; esto es, de integración, pero que pasa a través de la contradicción de la muerte, en la historia de la salvación. Para concluir, pudiéramos decir que la vida es amor. Sólo el amor rompe la contradicción de la muerte y su absurdo de destrucción total lo vuelve fuente inagotable de vida. Lo ilógico se torna en plena y única racionalidad. Es la lógica histórica del Amor que irrumpió en el mundo en el Misterio de la Encarnación pascual. Así entendemos el aforismo de Tertuliano: Credo quia ineptum (creo porque es inepto); a quien replicaríamos: Sed historicum( pero histórico, así aconteció). Así, la vida, que es donación de amor, fluye victoriosa iluminando la oscuridad de la muerte, apoyada en la plena confianza en Aquél que la hizo triunfar en la resurrección de Jesucristo. El máximo movimiento vital es el movimiento de la Encarnación que se va desarrollando hasta llegar a través de la pasión y muerte de Cristo a la plenitud de vida en la resurrección, en la Ascensión y la vida gloriosa del Señor Jesús. La conclusión plena es que la vida es la máxima donación de Dios al hombre, que a partir de la nada de la muerte, realiza la nueva creación de la plenitud de la vida en el triunfo glorioso del Cristo total. Ciudad del Vaticano, febrero de 2009. REFERENCIAS Aristóteles, Metafísica, vol 10, X, 3;b. De Anima II,1-2 Sto. Tomás de Aquino, Summa Contra Gentiles, 4,11; Summa Theologica I q.18 aa.1-2 . R. Guardini, Der Gegensatz, 1925 C. Nink, Sein, Einheit, Gegensatz, en Scholastik 17 (1942) 504-522 M. Honecker. Logik 1927 (índice) J. Fröbes, Tractatus Logicae Formalis, Roma 1940, 70 y ss. 156 y ss. J. Dopp, Lecons de Logique formelle 3 vols, Lovaina 1950. M. Grabmann, Die Idee des Lebens in der Theologie der hl. Thomas, 1922. H. Driesch-R Woltereck, Das Lebens Problem in der Lichte der modernen Forschung. 1931 C. Burdo y otros, La vie et l,’evolution, en “Archives de Philosophie”6, (1928) Fase. Links, Biogenética, México 2000. |

