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Edición 107


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El problema del diseño  y la revolución darwiniana1
Doctora Ana Barahona
Catedrática de la UNAM
Especialista en historia y filosofía de la biología, evolución y enseñanza de las ciencias
Presidenta-electa de la International
Society for the History, Philosophy and Social Studies of Biology
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INTRODUCCIÓN

En el año 2009 celebramos el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y los 150 años de la publicación de su libro El Origen de las Especies, cuya influencia fue decisiva para el estudio y comprensión de los seres vivos, y sobre todo, del lugar del ser humano en la naturaleza.

La revolución científica que dio lugar a la ciencia mo-derna, inició cuando Copérnico desplazó a la Tierra de su lugar como centro  del Universo y la colocó en un lugar subordinado entre otros planetas, dando vueltas alrededor del Sol, y cristalizó cuando Darwin, siglos más tarde, desplazó a los humanos de su posición central dentro de todas las formas de vida, y los colocó como una especie más entre muchas. De esta forma, los humanos estaríamos relacionados con los chimpancés, los gorilas, y otras especies que comparten un ancestro común.

Los hallazgos de Copérnico, Kepler, Galileo, Newton y otros, en los siglos XVI y XVII, condujeron gradualmente a una concepción del universo como materia en movimiento, gobernada por leyes naturales, mientras que Darwin mostró que los organismos evolucionan, que descienden de antepasados muy diferentes a ellos, y que las especies están relacionadas entre sí, porque tienen antepasados comunes.

Pero, más importante aún, Darwin proporcionó una explicación causal del origen de los organismos: la selección natural. Con ella, Darwin extendió al mundo orgánico el concepto de naturaleza derivado de  la astronomía, la física y la geología; la noción de que los fenómenos naturales pueden ser explicados como consecuencia de leyes inmanentes, sin necesidad de postular agentes sobrenaturales. La revolución darwiniana redujo al dominio de la ciencia los únicos fenómenos naturales que todavía quedaban fuera de ella; a saber, la existencia y la organización de los seres vivos.

LAS EXPLICACIONES TELEOLÓGICAS
Y EL PROBLEMA DEL DISEÑO

La teleología o el pensamiento teleológico ha estado presente en las discusiones acerca de las explicaciones bio-lógicas en la historia de la biología, desde Aristóteles hasta nuestros días, y representa un problema fundamental para la filosofía de la biología.

La idea de un propósito o fin en la naturaleza, de un telos, no es original de Aristóteles. Sócrates y Platón sostenían que nada en la naturaleza y en el mundo puede explicarse por el azar o la casualidad, como lo había sostenido Demócrito, sino que las creaciones de la naturaleza se dan porque son necesarias y porque son lo mejor.

Para Platón, el mundo natural es el producto final de un diseñador o conciencia universal que ordena todo en  el mejor lugar posible, un artesano del cosmos, el Demiurgo. El énfasis de Platón en un demiurgo del universo permitió a los neoplatónicos conectarse con el pensamiento cristiano dominante durante el siglo XVII.
Una de las principales inquietudes de Aristóteles fue la búsqueda de explicaciones de los procesos naturales, atendiendo a sus causas; es decir, para Aristóteles, sólo conocemos una cosa o un proceso cuando conocemos sus causas.

CAUSA FINAL O TELOS
Para Aristóteles, conocer la causa final o telos era el objetivo principal de toda investigación. Sólo se pueden conocer las cosas y los acontecimientos individuales cuando comprendemos la causa de cada uno de ellos. Bajo esta visión teleológica del mundo, pensaba que existía una finalidad en la naturaleza; que lo mejor era lo que realmente ocurre en ella, pues la finalidad es la que ordena todo. Aristóteles no creía en una teleología universal aplicable a todos los fenómenos naturales, sino que algunas cosas y procesos naturales son para un fin.2

“...Así pues, si la golondrina hace su nido en vistas de un fin, la araña su telaraña, las plantas producen hojas en vistas de sus frutos y ellas reafirman sus raíces debajo del alimento y no arriba, es evidente que una causa semejante debe haber en los entes que se generan y son por naturaleza. Y puesto que la naturaleza puede entenderse en dos sentidos, como materia y como forma, y dado que esta última es el fin, y todo lo demás es en vistas de un fin, la forma tiene que ser causa final”. 3

En los siglos posteriores, la influencia de las ideas teleológicas de Platón fueron permeando hasta el Renacimiento. En el siglo XVII, sin embargo, las explicaciones teleológicas fueron muy discutidas, en gran parte por las diferentes acepciones del término. Gracias a santo Tomás de Aquino, la metafísica aristotélica, la física y la historia natural fueron incorporadas a los dogmas de la iglesia; sin embargo, la teleología lo hizo con un énfasis platónico. Dios, además de ser la causa primera y la causa final, participa activamente en el mundo.
Copérnico y Galileo se opusieron a la física de Aristóteles, pero sin hacer mención a la visión teleológica de la iglesia. Posteriormente a ellos, las leyes de la física de Newton requerían la operación continua de Dios, en clara reconciliación de la física con la teología.4 La visión neo-platónica del mundo newtoniano impactó de manera sobresaliente a la biología, en los trabajos de Georges Cuvier, Richard Owen, Louis Agassiz y Karl Ernst von Baer, por mencionar a los más preeminentes. 

En el siglo XIX, particularmente en Inglaterra, existía consenso acerca de los alcances de las explicaciones científicas y el dominio de la teología que permitía una cómoda coexistencia entre ésta y la ciencia.

La teología natural de William Paley, Thomas Malthus y John Herschel, en el siglo XIX, era una forma cristiana de la tradición platónica de teleología externalista.5 Los animales están estructurados y se comportan como lo hacen pues son el resultado del diseño de un Creador benevolente, de acuerdo a un propósito. En su libro Teología Natural, Paley expone que a través del estudio meticuloso de la adaptación de los seres vivos a su medio, se descubren los propósitos divinos y las buenas intenciones.6

La versión inglesa de la teología natural  profesa una armonía perfecta en toda la naturaleza, dando lugar al estudio del diseño en todas las adaptaciones. La teología natural permitió tratar a la ciencia y a la teología como un mismo problema, y “durante la primera mitad del siglo XIX muchos naturalistas, como Agassiz y Charles Lyell, pensaban que sus tratados científicos eran meros ejercicios de teología natural.”7

William Paley, recordado por su analogía del relojero y sus argumentos para demostrar la existencia de Dios en su obra Teología Natural.

DARWIN Y EL PROBLEMA DEL DISEÑO
Paley fue leído por Darwin cuando éste era estudiante, entre 1827 y 1831. Darwin leyó y disfrutó la Teología Natural en sus años de estudiante en Cambridge, y encontró el argumento bastante sugerente, aunque posteriormente cambiaría de opinión. La motivación principal de Darwin en El Origen de las Especies era dar una solución al pro-blema de Paley; es decir, mostrar cómo su descubrimiento de la selección natural podría dar cuenta del diseño de los organismos, sin la necesidad de agentes supernaturales.

Darwin, desde su viaje alrededor del mundo a bordo del barco inglés HMS Beagle (viaje que duró de 1831 a 1836), planteó el problema de la adaptación al descubrir ciertas diferencias y variaciones existentes entre los pinzones de las Islas Galápagos, como lo era la forma del pico y la forma de alimentación, entre otras. Estas diferencias fueron explicadas por medio del concepto de adaptación, sin recurrir a la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos de Lamarck ni, menos aún, a la doctrina del di-seño o de la adaptación perfecta de la teología natural.

En la introducción a El origen de las especies, Darwin reflexionó sobre las afinidades entre las diversas especies, su distribución geográfica, su sucesión geológica y otros hechos semejantes. Concluyó que las especies no han sido creadas de manera independiente, sino que se han originado unas de otras. “Sin embargo, esta conclusión... no sería satisfactoria mientras no se pueda demostrar cómo las innumerables especies que habitan el mundo se han ido modificando, hasta adquirir esta perfección estructural y esta adaptación mutua”.

Ciertamente, buena parte de los cambios pueden atribuirse a variaciones climatológicas, a desequilibrios ecológicos o, incluso, como hace Cuvier, a grandes cataclismos naturales. Sin embargo, no puede sostenerse que la responsabilidad de tales cambios sea sólo de las causas externas.

MECANISMOS DE MODIFICACIÓN
Afirma Darwin: “Los naturalistas continuamente aluden a condiciones externas, tales como el clima, alimentación, etcétera, como la causa única de variación; en un sentido limitado, esto puede ser verdad. Pero es absurdo atribuir a causas puramente externas la estructura, por ejemplo, del pájaro carpintero, tan admirablemente adaptado para capturar insectos bajo la corteza de los árboles, e igualmente absurdo explicar la estructura de un parásito y sus relaciones con varios seres orgánicos distintos, por efecto de las condiciones externas, de la costumbre o de la vo-luntad de la misma planta.”

Así, para Darwin, “es de la mayor importancia alcanzar un juicio claro acerca de los mecanismos de modificación y adaptación mutua”.

Autores como Ayala consideran que “la principal motivación de El Origen de las Especies era la de proveer una solución al problema de Paley; a saber, demostrar cómo su descubrimiento de la selección natural daba cuenta del diseño de los organismos, sin la necesidad de recurrir a agentes supernaturales.”

VARIACIÓN CONTINUA E IMPERCEPTIBLE
En la teoría de la evolución por selección natural de Darwin, la variación en la naturaleza ocurre de forma continua e imperceptible, y aparece de acuerdo a leyes desconocidas (que serán postuladas hasta el siglo XX). Sobre esta varia-ción individual actúa la selección natural, produciendo un patrón continuo de evolución. Así, la adaptación de los organismos a su medio se debe a la actuación predominante de la selección natural a través de las generaciones.

En este proceso evolutivo continuo, Darwin niega la idea de un diseño debido a la existencia de un ser divino y omnipotente. Según Darwin, si su explicación era correcta, la evolución biológica podría tener lugar; los organismos podrían haber cambiado y diversificado en el tiempo, como respuesta a la diversidad de condiciones en diferentes lugares y momentos. Para Darwin, entonces, la evidencia de la evolución corroboraba su explicación del diseño como resultado de la selección natural.

En El Origen de las Especies, Darwin expresó una visión de la evolución como un proceso dirigido. “El hombre selecciona para su beneficio; la naturaleza sólo para el bien del individuo.”9 “La selección natural no puede producir ninguna modificación en ninguna especie exclusivamente para el bien de otra. Pero la selección natural pue-de y a veces produce estructuras para herir directamente a otras especies.”10 De esta forma, Darwin piensa que la selección natural guía a las especies de acuerdo al criterio de lo que es bueno para ellas. La selección natural es una fuerza imperceptible que orienta el cambio evolutivo.

CONCLUSIONES
Antes de la publicación de El Origen de las Especies, las concepciones teleológicas eran dominadas por la existencia de Dios. Darwin definitivamente puso de lado esta concepción acerca del diseño, en donde aparentemente se eliminaba toda visión teleológica. La teoría de Darwin apareció como una negación tajante de ese tipo de teleo-logía, en la medida en que introdujo en el mundo natural la dinámica de los seres vivos y echó fuera  de su seno las deidades y entelequias.

Esta teoría cambió radicalmente el mundo del ser humano. A pesar de que Darwin no fue el primero en hablar de la transmutación de las especies, su teoría tuvo muchísimo impacto al presentar evidencia contundente. De igual forma, su teoría tenía implicaciones más allá de la biología, al trastocar creencias y comportamientos arraigados en el siglo XIX.


Pie de Página

1 Una versión más extensa de este artículo está por aparecer en un volumen especial dedicado a Charles Darwin y la evolución, de la Revista Ciencias, de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

2 Guthrie, W. K. C. 1981. Historia de la Filosofía Griega. Vol. VI. Introducción a la Filosofía de Aristóteles. Traducción española. Madrid: Gredos; Jaeger, W. W. 1997. Aristóteles. Traducción española. México: Fondo de Cultura Económica. 4ta. Reimpresión; Lear, J.1994. Aristóteles. Traducción española. Madrid: Alianza Editorial.

3 Aristóteles. 1993a. Física. Libros I y II. Traducción española. Buenos Aires: Biblos. p. 96.

4 Hull, 1973. Hull, D. 1973. Darwin and his Critics. The Reception of Darwin’s Theory of Evolution by the Scientific Community. Chicago: The University of Chicago Press.

5 Hull, D. 1973. Darwin and his Critics. The Reception of Darwin’s Theory of Evolution by the Scientific Community. Chicago: The University of Chicago Press.

6 Mayr, E. 1982. The Growth of Biological Thought. Diversity, Evolution and Inheritance. Cambridge: Harvard University Press; Lennox, J. G. 1992. Teleology. En: Keller, E.F. and Lloyd, E. (eds.). Keywords in Evolutionary Biology. Cambridge: Harvard University Press. pp.324-333.

7 Mayr, E. 1982. The Growth of Biological Thought. Diversity, Evolution and Inheritance. Cambridge: Harvard University Press. P. 373.

8 Ayala, F. J. 1970. Teleological Explanations in Evolutionary Biology. Philosophy of Science, 37:1-15, p. 10.

9  Darwin, C. 1968  [1859]. The Origin of Species. London: Penguin. p. 132.

10  Darwin, C. 1968  [1859]. The Origin of Species. London: Penguin. p. 283.

 
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