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Edición 107


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Depresión y ansiedad
Antesala de las adicciones


Según el World Almanac Report, en el año 2007, las medicinas que más prescribieron en Estados Unidos los médicos fueron los antidepresivos. Es-tos fármacos sobrepasan a los antibióticos, antihiper-tensivos y a las sustancias anticolesterol. Si a esto le agregamos los sedantes, el porcentaje de pacientes que asisten al médico y reciben alguna de estas medicinas antidepresivas o sedantes sobrepasa el 35 por ciento.

La cifra anteriormente escrita muestra que uno de cada tres pacientes sufre depresión o ansiedad, y que conforme lo describió el premio nobel Crick, estos padecimientos colocan a los enfermos en el borde del desfiladero para caer en las adicciones, enfermedades con importante repercusión médica, social y económica en el ya bastante sufrido mundo contemporáneo, en el cual mil millones de personas están muriendo de ham-bre y otros mil millones de personas están muriendo por la obesidad.

Al margen de las discusiones filosóficas sobre la angustia existencial de un mundo en el que la libertad del hombre está en conflicto con el entorno cultural y con el desarrollo de una civilización que no respeta los valores fundamentales del quehacer humano, la verdad resultante es que éste será el siglo de las adicciones, con todos los problemas que esto producirá en el desarrollo de un mundo lastimado por las infecciones endémicas y con un ambiente ecológico sujeto a la autodestrucción del hombre, que es “el lobo del hombre”.

En esta edición tratamos de no sólo describir con datos y casuística nacional e internacional el incremen-to de estas patologías, sino también de dar alguna luz sobre la filogenia de la especie humana, que conduce a este problema, y, particularmente, sobre el tratamiento racional, esto último lo más importante, pues la gente que padece alguna adicción busca una luz en el horrible antro cavernoso en donde está sumergida, al perder su conciencia de la realidad y así ser esclavo de las depen-dencias, que destruyen su innata libertad.

Se trata, entonces, de evitar lo que sucede frecuen-temente en los diálogos médicos o en la televisión, cu-ando lo único que se muestra son los resultados numéri-cos del enorme incremento porcentual, de más de diez veces en los últimos lustros, del uso de alcohol, drogas, cigarro, comida, juego, etcétera. En estas reuniones se olvida que hay una candela brillante de esperanza en el aparentemente convencional, pero contundente en sus resultados, tratamiento de los doce pasos de gimnasia intelectual y percepción consciente que describieron los fundadores de Alcohólicos Anónimos.

Como podrá observarse en este volumen, existen también nuevas adicciones; una de ellas, la de las com-pras, que genera miseria en quienes la padecen; otras, como las del internet, que enajenan la comunicación familiar, y algunas, como la del sexo, que confunden la belleza de la pasión hecha amor con la saciedad erótica animal primitiva del enfermo sexual o del pederasta; esto, sin olvidar el terrible flagelo de la obesidad y el sobrepeso que sufrimos los comedores compulsivos.

Como corolario de lo que aquí se describe podemos concluir que el problema de las adicciones nuevas y vie-jas es el más serio reto que tiene la civilización contem-poránea y que para combatirlas hay que buscar el faro luminoso de paz espiritual y de la satisfacción compro-metida con el deber cumplido de dar y de amar, que es la única acción de grandeza que nos acerca a la esquiva musa de la felicidad que siempre buscamos en lo exte-rior, sin darnos cuenta de que ella está reposando en nuestro interior.
 
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